En las últimas dos décadas, Latinoamérica y el Caribe han reducido su tradicional papel como región emisora de migrantes, pasando de una tasa neta de emigración de 2 personas por cada 1.000 habitantes en 2000 a solo 0,5 en 2022, principalmente por un aumento de la inmigración intrarregional.
Este fenómeno ha sido impulsado en gran parte por la crisis migratoria venezolana, que llevó a un aumento de migrantes venezolanos de 210.000 en 2015 a 6,8 millones en 2024. Chile se ha posicionado como el país de la región con mayor flujo migratorio proporcional a su población, multiplicando por diez su número de inmigrantes en los últimos 20 años.
Si antes predominaban migrantes de Argentina, Bolivia y Perú, desde 2015 la composición cambió hacia migrantes haitianos, colombianos y especialmente venezolanos, quienes representan el 38% del total de inmigrantes en Chile en 2023. Aunque la mayoría se concentra en la Región Metropolitana, las tasas más altas de inmigración relativa se registran en el norte del país. La población migrante en Chile es predominantemente joven, cada vez más educada, con altas tasas de ocupación, aunque desde 2020 enfrenta mayores niveles de informalidad y una desmejora en su posición económica relativa frente a la población chilena.




